domingo, 7 de abril de 2013
jueves, 28 de marzo de 2013
viernes, 15 de marzo de 2013
V domingo de cuaresma
Algo nuevo está brotando, ¿no lo notáis?
Es imposible no creer que la novedad
del Espíritu está abriéndose en el Vaticano… Quizás tengamos que esperar, pero,
por el momento, yo me inclino por acoger, orar y bendecir.
Os hago llegar la síntesis del
comentario que aparece en la Web de Mercedarias de la caridad
En las cosas de espíritu, lo grave
de nuestra sociedad (y de esa sociedad íntima que vivimos en relación con
nuestro propio ser) supuestamente evangelizada, es que andamos despistados/as.
No somos conscientes de la vida que brota en nuestra propia tierra
(corporeidad) y en todo lo que nos rodea (sociedad, naturaleza). Lo que
llevamos entre manos, lo inmediato y caduco, nos absorbe todo el tiempo y, con
frecuencia, agota nuestra fuerzas. Pablo encuentra a Cristo y ese encuentro
trasforma toda su existencia, hasta el punto de hacerle ver lo esencial y
convertirse en un hombre libre de toda atadura, incluso la de la ley, en
principio divina, pero adaptada a los intereses humanos, e, incluso,
deshumanizadores. Hoy, el mensaje de la palabra quiere mostrarnos lo que
significa el encuentro con Aquél que nos perdona hasta lo que nosotras/os no
somos capaces de perdonarnos… La dignidad que poseemos se nos revela en el
reconocimiento que recibimos del Otro/otro ser humano, capaz de limpiarnos con
su mirada, y de mostrarnos el camino que nos queda por hacer en libertad: Si
Dios, en Cristo, nos perdona y abre horizontes nuevos en nuestra vida, ¿Quién
podrá condenarnos? ¿A quién podremos condenar? Lo nuevo está brotando, y es
divino ¡Acojámoslo!
Trinidad León, m.c.
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domingo, 10 de marzo de 2013
IV Domingo de Cuaresma –Ciclo C-
Conversión también es reconocimiento: Todo lo suyo es nuestro.
Necesitamos ser libres para ver la realidad y lo que ella nos revela de
la gratuidad divina, a cada instante, haciendo del ayer un hoy que
mantiene la memoria viva de lo que aconteció y sigue aconteciendo. La
cuaresma es el tiempo que en el que la Iglesia, en cada uno de sus
miembros, está dispuesta a reconocer en qué le ha fallado a la Gracia, y
rehacer el camino para volver a la Casa familiar; pero también es
tiempo para reconocernos como propietarios/as de una Heredad (Dios) que
hemos de consolidar y compartir, porque es nuestra Heredad. Dios
Padre-Madre de todos: de los que se quedan y de los que se van.
Josué 5, 9a. 10-12: “En aquellos
días, el Señor dijo a Josué: Hoy os he despojado del oprobio…” Para Dios, el
ayer es hoy. No existe para la Presencia divina el tiempo medido en horas,
días, años… Lo que aconteció, acontece en este momento. Por eso nuestra memoria
creyente no es solo recordar hechos pasados, sino anamnesis: vivir la historia
de la salvación en presente, reconociéndonos agentes activos de lo que la
memoria creyente nos ha legado, al mismo tiempo que nos abrimos a la novedad
que cada instante nos depara: ya no comieron maná sino del fruto de la tierra
que habían cosechado. El don va unido al esfuerzo; la gratuidad al
agradecimiento…
Salmo 33: Necesitamos saborear y contemplar lo que Dios nos da, para poder
vivir el gozo del don y proclamar: “Mi alma se gloría en el Señor… que los
humildes lo escuchen y se alegren”.
Trinidad León, m.c.
Conversión también es reconocimiento: Todo lo suyo es nuestro.
Necesitamos ser libres para ver la realidad y lo que ella nos revela de
la gratuidad divina, a cada instante, haciendo del ayer un hoy que
mantiene la memoria viva de lo que aconteció y sigue aconteciendo. La
cuaresma es el tiempo que en el que la Iglesia, en cada uno de sus
miembros, está dispuesta a reconocer en qué le ha fallado a la Gracia, y
rehacer el camino para volver a la Casa familiar; pero también es
tiempo para reconocernos como propietarios/as de una Heredad (Dios) que
hemos de consolidar y compartir, porque es nuestra Heredad. Dios
Padre-Madre de todos: de los que se quedan y de los que se van.
Josué 5, 9a. 10-12: “En aquellos
días, el Señor dijo a Josué: Hoy os he despojado del oprobio…” Para Dios, el
ayer es hoy. No existe para la Presencia divina el tiempo medido en horas,
días, años… Lo que aconteció, acontece en este momento. Por eso nuestra memoria
creyente no es solo recordar hechos pasados, sino anamnesis: vivir la historia
de la salvación en presente, reconociéndonos agentes activos de lo que la
memoria creyente nos ha legado, al mismo tiempo que nos abrimos a la novedad
que cada instante nos depara: ya no comieron maná sino del fruto de la tierra
que habían cosechado. El don va unido al esfuerzo; la gratuidad al
agradecimiento…
Salmo 33: Necesitamos saborear y contemplar lo que Dios nos da, para poder vivir el gozo del don y proclamar: “Mi alma se gloría en el Señor… que los humildes lo escuchen y se alegren”.
Trinidad León, m.c.
jueves, 28 de febrero de 2013
Reflexiones en el tiempo litúrgico
III
domingo de cuaresma
Vivir dentro de la misma
realidad no implica vivir la misma experiencia salvífica.
Cada cual acoge el Misterio
a su manera, y da su fruto…
Es difícil imaginar una
descripción del encuentro con el Misterio divino de una manera más gráfica e
impactante que esta que hacen los textos del tercer domingo de Cuaresma.
Escuchados en su conjunto invitan a replantearnos nuestra propia existencia
dentro del Misterio y nuestra historia como un recorrido en compañía que, no
obstante, es único y personal; como es única y personal la respuesta y el fruto
del encuentro vivido a cada paso del camino. Pero, a su vez, cada texto nos
sitúa de manera diferente ante ese peregrinar en la fe: ¿Quién es Dios, qué
nombre tiene esa Realidad para mí? ¿Cómo vivo los acontecimientos que
manifiestan su actuar en la historia? ¿Cómo distingo esos acontecimientos
dentro de los que provocan unas relaciones humanas, que con frecuencia nada
tiene de humanas y, por lo tanto, menos de divinas?… Un corazón ardiente ante
un Misterio aún más ardiente, una historia vivida en profundidad o de manera
superficial, una relación llena ternura y de paciencia insondables… ¡Hay tanto
que contar!
sábado, 23 de febrero de 2013
II Domingo de cuarema
Iº Domingo de Cuaresma –ciclo C
Una llamada a vivir la transfiguración en Dios
para vivir la conversión del mundo
Trinidad León.mc
Las tres lecturas que se proclaman este domingo acentúan, tanto la necesidad de conocer qué pasa en lo más hondo de nuestro ser como el coraje de despegarnos de las grutas que nos sirven para esconder nuestros miedos a encuentros mucho más abiertos y comprometidos. En ninguna de esas dimensiones estamos solos/as sino en compañía de una Presencia que, conociendo nuestra debilidad e incapacidad para comprender el misterio y la gratuidad del actuar divino, nos adentra y nos abre a él, aunque en un estado semiinconsciente: “en sueños". El encuentro produce sus frutos, nos cambia la vida. Nos convierte. Aunque entrar en la nube del Misterio divino nos siga asustando, como a los discípulos también nos atrae.
Génesis 15,5-12.17-18: Abraham, durmiendo; Dios, realizando la alianza. ¿Quién cumplirá los Cuando de promesas se trata, queremos que las cosas se realicen lo antes posible. Las demoras nos parecen olvido de lo pactado e, incluso, incapacidad para llevarlo a cabo…. Dios no es así. Su forma de ser y de mirar la realidad, no es la nuestra… El narrador entiende que debe explicar cómo es la una y cómo es la otra. “Dios sacó fuera a Abraham y le dijo:…”. El primer paso es sacarnos (junto al patriarca, o junto a Elías) de nuestros escondrijos personales, del lugar en el que creemos haber encontrado cierta seguridad, y mostrarnos el infinito al que pertenecemos y, en cierta manera, nos pertenece; el segundo paso es el diálogo que se entabla a fin de hacernos comprender lo más importante del camino realizado, aunque no concluido: Dios recuerda los lazos de amistad construidos, la confianza tejida, la alianza por afirmar… La promesa sigue estando en pie, inamovible. De parte de Abraham, como de cualquier creyente, lo propio es plantear las dudas que atenazan el corazón y hacen vacilar todo lo vivido y, por supuesto, cuestionar un futuro que ve incierto e imposible de realizar. El diálogo culmina cuando se prepara el ritual propio de las culturas antiguas; y Abraham participa con todas su fuerzas en la preparación. Pero en ese preciso momento “…un sueño profundo invadió a Abraham y un terror intenso y oscuro cayó sobre él”. Ante el actuar de Dios las potencias humanas quedan en tinieblas, oscurecidas, incapaces de mirar cara a cara el Misterio en su plenitud. A Abraham no se le acusa de nada, pero el texto deja bien claro que el único que realiza el gesto completo que sella la alianza y compromete a cumplirla hasta el final, es Dios. Solo Dios.
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Una llamada a vivir la transfiguración en Dios
para vivir la conversión del mundo
Trinidad León.mc
Las tres lecturas que se proclaman este domingo acentúan, tanto la necesidad de conocer qué pasa en lo más hondo de nuestro ser como el coraje de despegarnos de las grutas que nos sirven para esconder nuestros miedos a encuentros mucho más abiertos y comprometidos. En ninguna de esas dimensiones estamos solos/as sino en compañía de una Presencia que, conociendo nuestra debilidad e incapacidad para comprender el misterio y la gratuidad del actuar divino, nos adentra y nos abre a él, aunque en un estado semiinconsciente: “en sueños". El encuentro produce sus frutos, nos cambia la vida. Nos convierte. Aunque entrar en la nube del Misterio divino nos siga asustando, como a los discípulos también nos atrae.
Génesis 15,5-12.17-18: Abraham, durmiendo; Dios, realizando la alianza. ¿Quién cumplirá los Cuando de promesas se trata, queremos que las cosas se realicen lo antes posible. Las demoras nos parecen olvido de lo pactado e, incluso, incapacidad para llevarlo a cabo…. Dios no es así. Su forma de ser y de mirar la realidad, no es la nuestra… El narrador entiende que debe explicar cómo es la una y cómo es la otra. “Dios sacó fuera a Abraham y le dijo:…”. El primer paso es sacarnos (junto al patriarca, o junto a Elías) de nuestros escondrijos personales, del lugar en el que creemos haber encontrado cierta seguridad, y mostrarnos el infinito al que pertenecemos y, en cierta manera, nos pertenece; el segundo paso es el diálogo que se entabla a fin de hacernos comprender lo más importante del camino realizado, aunque no concluido: Dios recuerda los lazos de amistad construidos, la confianza tejida, la alianza por afirmar… La promesa sigue estando en pie, inamovible. De parte de Abraham, como de cualquier creyente, lo propio es plantear las dudas que atenazan el corazón y hacen vacilar todo lo vivido y, por supuesto, cuestionar un futuro que ve incierto e imposible de realizar. El diálogo culmina cuando se prepara el ritual propio de las culturas antiguas; y Abraham participa con todas su fuerzas en la preparación. Pero en ese preciso momento “…un sueño profundo invadió a Abraham y un terror intenso y oscuro cayó sobre él”. Ante el actuar de Dios las potencias humanas quedan en tinieblas, oscurecidas, incapaces de mirar cara a cara el Misterio en su plenitud. A Abraham no se le acusa de nada, pero el texto deja bien claro que el único que realiza el gesto completo que sella la alianza y compromete a cumplirla hasta el final, es Dios. Solo Dios.
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